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LA EDAD DE ORO PERDIDA
Como los históricos de los programas culturales, los responsables de espacios musicales también ‘lloraban’ por cómo la historia ha maltratado al género.
Juan Claudio Cifuentes, el Cifu de aquel nocturno ‘Jazz entre amigos’;
Beatriz Pécker, responsable de ‘Rockopop’ a finales de los 80; Moncho
Alpuente, de ‘Mundo Pop’, emitido en el 74, y José Ramón Pardo, artífice de espacios como ‘Aplauso’, ‘Tocata’ y ‘Música sí’, hicieron en este capítulo un repaso a a los principales programas de música en España. También conseguimos una entrevista con
Paloma Chamorro, la presentadora del pelo cardado de ‘La edad de oro’, uno de los programas míticos por donde pasaron todos los
grupos nacionales y extranjeros fundamentales de aquel momento, los 80, en plena movida madrileña.
Todos coincidieron en destacar a ‘Escala en Hi Fi’ como el primer gran programa musical, aquél en que actores como
Luis Varela y Mochi movían la boca para hacer como que cantaban canciones de Frank Sinatra o Paul Anka. Fue tan importante porque por entonces era imposible para TVE traer a artistas tan famosos.
Durante el encuentro, los cuatro expertos en programas musicales se reían cuando
Alpuente criticaba cómo “cada vez que TVE quería hacer algo moderno traía a Tom Jones y Mirelle
Mathieu:
Moncho Alpuente: Ésa era la época en que en TVE llegaban las Navidades y decían: ‘¿A quién traemos? A Jones y Mathieu’, pero es que siguieron trayéndoles 20 años después, que ya ni cantaban, que Mirelle sólo cantaba cuando la contrataban en TVE. Pero eso era lo moderno, el modelo de programas musicales, era José Luis Moreno, los musicales... TVE decía: ‘Vamos a hacer algo muy moderno, vamos a traer a Tom Jones’. ¡Y así treinta años!
José Ramón Pardo: Ja, ja, no es cierto, pero es muy gracioso.
Alpuente: Perdóname. ¿Cuántas veces ha actuado Mathieu en España cuando no actuaba ni en Francia? Cantidad.
Recordaron juntos para el libro polémicos momentos, como la retirada del programa de
Carlos Tena por culpa del escándalo que se montó con las Vulpes, que cantaba aquello de ‘Me gusta ser una zorra’. Y otros instantes más divertidos, como cuando
Cifu explicaba cómo le eligieron a él para acompañar a Karina a Eurovisión en Dublín, y cómo ésta casi fue expulsada porque se fue de compras y llegó al ensayo general cuando ya sonaban los acordes de su canción.
Dejaron constancia de los problemas que había con las grabaciones, por la escasez de
cintas, y cómo se borraron muchas actuaciones históricas para poder grabar encima otras cosas.
Alpuente: Dejadme contar una anécdota sobre las cintas. Cuando estaba haciendo ‘Mundo pop’, vino Frank Zappa por primera vez a España y lo tuve en mi programa. Llegó al aeropuerto de Barcelona, besaba a niños y niñas que no querían que él los besara y salían todos espantados, y cuando llegaba su limousine se metía en el maletero. Estuvimos con él y como le caímos tan de puta madre, diciéndole: “Tú eres mi ídolo, eres Dios”, nos fuimos al hotel y empezamos a fumar marihuana y nosotros les advertíamos: “Mira, aquí esto no se permite”, y nos contestaban “Bah, a nosotros no nos dicen nada”, y yo decía: “Vale, estupendo”. Y llegamos al concierto y me suelta Zappa personalmente: “Tío, te voy dar diez minutos gratis para que grabes”. Yo no tenía pelas para el concierto, sí para el reportaje pero no para pagar la grabación del concierto para sacarlo en el programa, y me dice: “Esos diez minutos gratis te los voy a dedicar a tu programa especialmente porque me has caído de puta madre”. Que Zappa me diga a mí eso es una maravilla. Pues se jodió todo porque no tenía cinta suficiente.
En la charla echaron de menos los años 70 y 80, cuando la televisión estaba trufada de programas musicales de todos los tipos. Había sitio para la canción española en aquel ‘Cantares’ de
Lauren Postigo, para el jazz con ‘Beat club’ y ‘Jazz entre amigos’, para los concursos musicales como ‘Gente joven’, por supuesto para el rock y el pop underground en aquel pionero y transgresor ‘Ultimo grito’, que a finales de los 60 presentaba José María Íñigo y que emitió los primeros videoclips. Tan transgresor era que lo quitaban en Navidad y Semana Santa, porque aquello era ‘demasiado’. Más tarde llegaron ‘Mundo pop’, ‘Popgrama’, ‘Caja de ritmos’, ‘’La edad de oro’ y ‘Auanbabulubabalambambú’. También repasaron programas más comerciales: ‘Tocata’, ‘Aplauso’ y ‘Rockopop’. En cualquier caso, la oferta era enorme hasta que llegaron los 90 y las privadas. Ahora no nada queda, excepto en las cadenas de pago, claro. Los últimos grandes programas fueron ‘¡Qué noche la de aquel año!’ con Miguel Ríos y ‘Séptimo de caballería’, con Miguel Bosé. ¿El último intento? ‘I Pop’, que ya ha sido retirado por baja audiencia y unos recortados y excesivamente tardíos ‘Conciertos de Radio 3’.
‘Cifu’ intentó explicar por qué desapareció ‘Jazz entre amigos’: “Hicieron una pregunta parlamentaria. Candau
estuvo en el Parlamento y un ministro que se plantaba en todos los conciertos de jazz le preguntó que por qué desaparecía ‘Jazz entre amigos’. Pues cuando le preguntaron después por el tema,
Candau contestó: “Lo que diga el ministro me lo paso por el arco de triunfo”. Textual. Así que a partir de ahí, tío, ¿qué dices?”
José Ramón Pardo intenta dar una explicación a la desaparición de este género. Habla de cuando las discográficas empezaron a cobrar por los vídeos, “algo que hasta ese momento era un producto publicitario gratis, así que en vez de pagar, dejaron de poner
música”. Otra explicación es que la música dejó de ser en directo. Otro argumento aportó
Alpuente cuando informó sobre el ‘efecto Phil Collins’: “La última vez que he estado trabajando en un programa como guionista fijo ha sido en ‘La azotea de Wyoming’, y cada vez que queríamos emitir música, hablaban del ‘efecto Phil Collins’. Se llama así porque un día salió Collins, tocó un tema de cuatro minutos y bajó la audiencia mucho. Pues desde entonces no se puede poner música en los programas porque baja la audiencia y dicen eso de: “Claro, el ‘efecto Phil Collins’”.
Y ¡cómo no! también opinaron sobre ‘Operación Triunfo’:
Beatriz Pécker: No es un programa que haya seguido, no lo he visto, no me interesa nada esa música ni la gente que ha salido de allí. En un momento arrasó con todo, porque sólo salían los de ‘OT’ y no había posibilidad para nadie más.
Alpuente: Has dejado muy claras cómo son las cosas. El gran triunfo de Rosa en Eurovisión es una cosa consumible y efímera, un producto que lo consumes y lo tiras. Y ha quitado oportunidades a músicos. Y sí, saben cantar, pero...
‘Cifu’: A ver, ¿quién es el único que queda de ‘OT’? Pues Chenoa, que ya estaba trabajada. Lo que hizo Nina fue dedicarse a destrozar voces, los destruyó a todos, les obligó a cantar como ella, no como ellos podían cantar. A Rosa la destrozó.
Pardo: Uno de los cambios fundamentales que explica todo lo que está pasando ahora es que hasta hace ocho años quien mandaba en la industria de televisión eran las discográficas, los que tenían a los artistas. Por mucho que tú quisieras hacer un programa independiente, alguien tenía que proporcionarte los artistas. Y ahora mandan quienes tienen las audiencias, y con la audiencia se hacen artistas. Quien decide y organiza es quien tiene la audiencia. Así tenemos a Fran Perea y a El sueño de Morfeo, que se lanzan por una serie.
Pécker: El problema de ‘OT’ es que no dejó sitio a nadie más.
Pardo: Pero eso es porque a ‘OT’ también lo explotaron demasiado.
Alpuente: ¿Quién se acuerda de Rosa?
Por su parte, Paloma Chamorro recuerda en la entrevista muchos de aquellos momentos de transgresión, como cuando pidieron doce años de cárcel para ella por un delito de blasfemias porque en su programa había aparecido
Jordi Valls realizando lo que algunos consideraban una misa negra y el cantante de Psychic TV, totalmente borracho, clamaba en contra de todas las religiones: “Creo que Jordi Valls tenía preparada una misa negra, que quería dar de comulgar a los perros. De hecho, yo acabé encontrando y cogiendo de la chupa de alguien unas hostias. Fíjate que luego yo tenía en el bolsillo las migas, y cogí a no sé quién y le monté un pollo. Dije: ‘Ni misa negra ni narices, os vais a meter las hostias donde yo os diga’. Yo tenía un compromiso de no censurar, pero a mí no me habían contado nada de eso. Yo doy libertad absoluta si me lo cuentan y doy todo lo que me hayan pedido, pero que no me hicieran aquello por detrás, porque no tenía ningún sentido”. Ésta y muchas otras cosas relata
Chamorro, que nunca concede entrevistas y de la que no se sabía nada desde hacía dos décadas. A pesar de eso, aceptó la proposición y en el libro rememora más momentos: “Recuerdo tremendas guerras de John Cale con el alcohol. También hubo problemas con Johnny Thunders por las distorsiones. Y con los Psichedelic Furs, por celos entre los técnicos de sonido. En el segundo programa tuvimos a Tuxedo Moon, porque sólo podían venir ese día, y como era el programa número dos estuvieron sufriendo lo indecible con la prueba de sonido. Se fueron llorando. Entonces, por la noche me los llevé a Casa Lucio a comer de mi bolsillo de sueldo de funcionaria cutre, con cutre plus. Al día siguiente, el de la emisión, a pesar de que seguían llorando por la prueba, acabaron diciendo: ‘Lo vamos hacer porque tú nos dices que lo hagamos’. O como ésta otra: “Hemos disfrutado de comidas estupendas en montones de sitios. También he tenido que comprarle a alguno un gramo y regalárselo”. Continuó con su trabajo frenético hasta que un día enfermó por el síndrome del trabajador quemado y desapareció de pantalla.
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