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DE LA CENSURA A LA SATURACIÓN
En este capítulo contamos con Pedro Macía, uno de los pioneros de
los Telediarios conocido por todos como el telebombón. También con
Elena Martí, que hoy trabaja detrás de las cámaras en la sección
de Internacional de TVE pero que en su día fue la primera mujer periodista
en los noticieros. Las otras dos caras siguen hoy en antena,
Baltasar Magro, que se incorporó en los 70 a ‘Informe semanal’
y ahora tiene un programa de entrevistas en La 2, y
Lorenzo Milá, el rostro del ‘Telediario’ de las 20 horas.
Además,
Paloma Gómez Borrero aportó su experiencia como corresponsal, y José María Carrascal
nos habló de su época como presentador del primer informativo de Antena 3.
La televisión nos ha permitido conocer de primera mano acontecimientos que, gracias a la fuerza de la imagen, han quedado grabados en nuestra memoria colectiva. Sólo por citar unos ejemplos, se puede hablar de hechos como la llegada del hombre a la Luna, la muerte de Franco, la intentona golpista de Tejero, la caída del muro de Berlín y la de las Torres Gemelas. No hay duda de que sin la tele, no significarían lo mismo para nosotros. Todos ellos fueron grabados y relatados en su día por los profesionales de los informativos como los que conseguimos reunir para el libro. Alguno de ellos, por su edad, ni siquiera sabía las penurias que pasaban los locutores de los primeros telediarios. Como cuando un tío en vespa se pasaba a recoger las noticias que se leían en RNE y salía pitando hacia TVE, donde los locutores le estaban esperando en las escaleras para recoger los sobres. Y ahí no acababa la cosa, porque cuando estaban
en directo, se encontraban en mucha ocasiones que las noticias no acababan porque al hacer las copias con aquel papel carbón, éste se había doblado y el texto estaba incompleto. Así que tenían que echar mano de improvisación e ingenio. Esto es sólo una muestra de cómo los primeros tiempos fueron casi heroicos a la hora de sacar adelante las informaciones televisadas.
Era época también de censura. Así lo recuerda Elena Martí: “Hacías el esfuerzo de decir con otras palabras que no llamaran la atención cosas que tú querías decir, era una habilidad que adquirimos en aquella época y que nos ha dado más vocabulario. Nosotros éramos los reyes del eufemismo”.
Así que era de esperar que todos estuvieran aguardando la llegada de la democracia:
Elena Martí: Nosotros estábamos ansiosos, porque los periódicos y las revistas habían tenido otra evolución, otro margen de vigilancia, porque la gente leía menos periódicos. Lo que había que controlar era la televisión. Nosotros estuvimos controlados hasta mucho después, así que cuando se abrieron las puertas fue como el champán que se desborda, como descubrir el periodismo de la libertad y de la esencia de la información, y de decir: ‘¡Hoy cojo y lo digo y se entera todo el mundo y no tengo que decirlo oscuramente, sino sota, caballo y rey, sujeto, verbo y predicado!’. Y eso fue la gloria, una época muy
ilusionante.
Por todo esto, no es extraño que recuerden la época de la Transición con especial cariño:
Pedro Macía: La Transición se lleva a cabo gracias a la televisión, a la información de televisión. Hay un momento en el que no hay una sola noticia que aparezca en los periódicos que no se haya dado mejor el día anterior en la televisión, con gran cabreo para los periódicos, y el espectador no sólo se lo cree, sino que participa y entiende que es la tele quien le informa. Los ciudadanos aceptaron todo lo que trajo la Transición, con el vuelco indiscutible para la mentalidad de los españoles que ello supuso, gracias a que la televisión supe enseñárselo y lo hizo bien.
Baltasar Magro: Estás diciendo que Adolfo Suárez utilizó entre comillas adecuadamente la televisión.
Martí: Sí, sí, fue así.
Macía: Entiendo que aquello fue una manipulación positiva en la que muchos participamos convencidos de que valía la pena. En algo que yo escribí hace tiempo, ‘Televisión, hora cero’, contaba que la tele empieza como un juguete que luego cambió el mundo. No te puedes ni imaginar cómo era la TVE cuando yo entro en 1963 con calcetines. Me trajo
Matías Prats padre de RNE cuando yo estaba colaborando y me soltó delante de
Pepe de las Casas, y a los dos días estaba trabajando. Pero de la España del 63 a la España del 72, no te digo ya de la Transición, hay un abismo. Cambiaron siglos de costumbres. Los pueblos estaban llenos de mujeres solteras o mayores vestidas de negro y no encontrabas ni un anuncio de ‘Coca-cola’. Todas esas historias, el que en diez años empiecen a aparecer discotecas, que veas color, que la gente se empiece a expresar de otra manera... todo eso se le debe a un juguete que era la televisión y que ha cambiado el mundo. Quien tira el Muro de Berlín y acaba con el telón de acero es la televisión. El que, de pronto, la gente, con todas las manipulaciones y los errores que se puedan cometer, empiece a ver una realidad diferente de la oficial. La gente empezó a salir y a romper barreras. Yo creo que mereció la pena.
Macía también recuerda en este capítulo la libertad de la que ellos gozaban en aquella etapa: “Nos llamaban los ministros para quejarse y les mandábamos a llorar a otra
parte”.
Pero como en el resto de géneros televisivos, también hubo un punto de inflexión donde las cosas empezaron a cambiar, y fue la llegada de la lucha por la audiencia.
Lorenzo Milá: Es la gran diferencia entre la televisión de ahora y ésa que se hacía pensando en los espectadores pero sin depender de ellos, cuando no se sabían las audiencias, y, si se sabían, no era un dato que estuviera sobre la mesa todo el rato. En la etapa en la que yo empecé a hacer informativos, las audiencias pesaban ya mucho más y los contenidos se establecían en función del criterio periodístico y de la información, pero tampoco puedes abstraerte del mercado en el que trabajas porque hay otros operadores que ponen encima de la mesa otras ofertas más o menos seductoras que tratan de arrancarte audiencia. Y tienes que defenderte. Es cuando empieza a intervenir una cuestión que no existía, que es: ¿Por qué damos esto? Porque no podemos trabajar para que no nos vean. Y entonces, ¿lo más importante es que te vean? No, pero tampoco lo menos. Y ése es el camino que se inicia con la aparición de las privadas y el que nos lleva hasta donde estamos, con la intervención de la audiencia como elemento definitorio de los contenidos.
Macía: La intromisión de la audiencia supone el estar mirando en un momento determinado Sofres y decir: “Aquí he hecho mal metiendo este suceso, porque, fíjate, me ha bajado la audiencia.
Milá: Periodísticamente has hecho bien, pero tú no eres sólo ya periodista. Trabajas en una empresa que está en el mundo y en el mercado, y has de defender una posición, no puedes vivir de espaldas, porque si no, ahí tienes La 2, con gran calidad y un 5% de ‘share’. Pues a lo mejor es eso lo que queremos, y si es así, decidámoslo. A mí me parecería bien, pero no es en eso en lo que estamos trabajando, estamos trabajado para que los medios públicos tengan una implantación en la sociedad suficiente como para compensar el criterio mercantilista y ultracomercial de las cadenas privadas, que dejan muchas veces de lado sus contenidos con tal de conseguir más espectadores. Los medios públicos tienen que equilibrar esa realidad, pero sin ponerse de espaldas a ella. Y ese compromiso es muy delicado.
Macía: Antes había una valoración bastante objetiva. Un programa estaba bien hecho y estaba bien hecho. Porque estaba bien escrito, bien dirigido, bien realizado y bien editado. Se habían tocado todos los aspectos. El programa estaba bien y no necesitaba que viniera la audiencia a refrendarlo, porque, como tú dices, entonces se buscaba a los ciudadanos para darles la información que tú creías que debías darles. Ahora...
Martí: El nuevo panorama ha conseguido una desnaturalización de la información. Yo creo que, como medio informativo, como vehículo, hemos degenerado, vamos directos a la miseria, y no hablo de la televisión pública, sino del medio audiovisual. En cuanto dependes de que se distraiga el personal, ¿dónde queda la información? Es lo primordial. ¿Que es aburrido? Pues, ¡cuánto lo siento, oiga!
También les preguntamos cómo se ha tratado a través de la historia una noticia de larga duración como la actividad terrorista de ETA. Así contestaron:
Martí: Se informaba sobre un hecho aislado, sobre un acontecimiento. Luego, el asunto ha ido adquiriendo las proporciones de un problema social, porque al principio nadie decía que en el País Vasco hubiera un tanto por ciento de la población partidaria del asunto, eso es algo de lo que hemos sido conscientes a partir de la Transición. En el País Vasco había un problema más de fondo que la floración momentánea terrorista. Eso es de lo que hemos ido informando poco a poco.
Macía: Al principio era algo así como que en Badajoz había un niño con dos cabezas y en el País Vasco teníamos otro niño que era ETA.
Martí: Exactamente, era como si fuera un suceso. Pero la parte política, sociológica, eso es lo que fue apareciendo poco a poco gracias a una información cada vez más veraz y profesional.
Magro: Yo estoy de acuerdo con ellos en que, en el aspecto visual, a nadie se nos ocurría dar imágenes de los atentados a finales de los 70. A nadie se le ocurría dar algo que pudiera irritar, había una especie de buen gusto.
Macía: Yo siempre he dicho: “Piensa que se lo vas a enseñar a tu madre y que a quien han matado es a tu hijo, y que tienes la obligación de informar”. Porque puedes arruinar completamente la vida de una familia.
Magro: Pero llega un momento en que todo eso se rompe de una manera descarada.
Milá: ¿Os sentías conniventes con ETA en aquélla época? ¿Sentíais que había entonces algo en
aquélla lucha que os parecía justo y romántico y que eso influía en vuestras informaciones?
(…)
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