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DE LA MAGIA AL DESENCANTO
La televisión en España cumple sus bodas de oro. Todo empezó el 28 de
octubre de 1956 en un pequeño chalé del madrileño Paseo de la Habana...
Isabel Ibáñez / Yolanda Veiga
Llevamos medio siglo de galas del sábado, de noches en Marte y más allá del
Mississippi, de pedetes lúcidos, falconettis, vulpes y mamachichos. Y de
historias para no dormir. De tapar escotes, pero también de Sabrinas y
caiditas de Roma. De jazz entre amigos y de lalalá. De responder a la señal
de un, dos, tres y de seguir contando con Epi y Blas. De lloros con
Chanquete y Marco y risas con Tip y Coll. De días de campo con el bueno de
Félix y con la selección de fútbol. De enamorarse de Starsky y Hutch o los
Ángeles de Charlie. De empanadillas en Móstoles, cucharillas dobladas y
bolas de cristal... Como recuerda el libro ‘Religión catódica. 50 años de
televisión en España’, todo empezó el 28 de octubre de 1956 en un pequeño
chalé del madrileño Paseo de la Habana...
LA PRIMERA EMISIÓN
Ese domingo, los españoles asistían boquiabiertos al nacimiento de una nueva
era, aunque eran sólo un puñado, unos 600, los que disponían del invento.
Además, la señal sólo se recibía en un radio de 60 kilómetros, pero eso no
era obstáculo para que en un pequeño plató, 40 personas trabajaran
frenéticamente en la labor de poner en marcha algo que cambiaría las vidas
de todos. No en vano, Ignacio Salas, presidente hasta hace octubre de 2006
de la Academia de la Televisión, iguala este artefacto a “hitos como el
descubrimiento del fuego, la rueda y la imprenta”. ‘Religión Catódica’,
recoge de boca de sus protagonistas aquella primera tarde de emisiones: una
misa, el discurso inaugural del ministro Gabriel Arias-Salgado, la actuación
de grupos de coros y danzas y un documental religioso. Eso sí, en blanco y
negro. Claro que muchos no esperaron a tener televisión. Paco
Valladares, la
primera voz de la tele, recuerda a su madre: “Bajaba a diario a verme en el
escaparate de una tienda de televisores de la calle O’Donell”, donde se
formaba un tumulto. Aquellos pocos fueron los primeros espectadores. Hoy son
legión.
EL ‘TELEBOOM’ DE LOS 60
Después de los primeros años, los 60 trajeron consigo la expansión de los
receptores, por su abaratamiento, y de la señal que posibilitaba su visión.
Hasta 1962 era posible alquilar los aparatos, pero ya se podían comprar a
plazos. Así, la televisión se convirtió en uno más de la familia. También
llegaron un sinfín de programas que dieron lugar a los géneros televisivos:
infantiles (‘Antena infantil’, que más tarde se convertiría en ‘Los
chiripitifláuticos’, ‘La familia Telerín’), grandes series (‘Perry Mason’,
’El fugitivo’, ‘Los invasores’), concursos (‘Cesta y puntos’, ‘Un millón
para el mejor’), musicales (‘Escala en Hi Fi’, ‘Galas del sábado’)...
En 1964 llegó el cambio de casa; Franco inauguró los estudios de Prado del Rey. Algunos veteranos lo recuerdan como el momento en que “se deshizo
la familia”. Eso señalan en el libro Laura Valenzuela y José Luis Uribarri,
que en 1968 transmitió el triunfo de Massiel en Eurovisión. Al mismo tiempo,
puntualiza Guillermo Summers, “llegaron más posibilidades con los
nuevos medios técnicos”. “Si hasta hace nada, los locutores de informativos
leían los partes de noticias que les traían en vespa desde RNE y que, a veces, estaban cortados! Hubo que improvisar mucho”. En 1966 nació la
“segunda cadena”, la UHF, que no alcanzaría todo el territorio hasta 15 años después.
Pero la tele se había convertido ya en una ventana por donde asistir a
acontecimientos como la llegada del hombre a la Luna, en 1969, transmitida
por Jesús Hermida. Así lo relata en el libro en una extensa entrevista:
“Recuerdo que ‘The New York Times’ me citó porque había comparado aquello
con el descubrimiento de Colón”.
LOS COLORIDOS 70
La irrupción del color supuso el comienzo de una nueva etapa en un medio a
punto de llegar a su madurez. Después de un cuarto de siglo en escala de
grises, la televisión se coloreaba. El segundo gran cambio se produjo con la
muerte de Franco, en 1975. “Hasta entonces todos habíamos vivido una censura
muy férrea. No se podía hablar de política ni de religión. Ésta era la gran
censura. De la censurilla se encargaban los que cuidaban de que las
bailarinas no llevaran vestidos muy cortos o escotes pronunciados, de que las canciones no fueran demasiado amorosas...”, recuerda
José María Íñigo,
que en aquel tiempo vivía el cénit de su popularidad con programas como
‘Estudio abierto’. Comenzaba un periodo aperturista, que dejó una huella
especial en los profesionales de los informativos. Pedro Macía, al que
muchos recordarán como el ‘telebombón’ y uno de los pioneros, rememora en
‘Religión catódica’ aquel periodo y asegura que “nunca se ha vuelto a ver la
libertad que hubo en los ‘Telediarios’ de la Transición. Hicimos un poco lo
que nos dio la gana. Nos llamaban los ministros y les decíamos que fueran a
llorar a otra parte”.
Y llegó la ilusión a los hogares gracias a ‘Un, dos, tres’. Primero con
Kiko
Ledgard y, más tarde, con Mayra Gómez Kemp, la primera mujer que se hizo
cargo de un concurso y a la que todos auguraban un fracaso, por aquello de
que ella y las azafatas “tenían algo de lésbico y porque pensaban que nadie
aceptaría a una chica tahúr”. Se equivocaron. Mientras, Emilio Aragón
‘Miliki’ y su ‘troupe’ de payasos lidiaban con los niños al grito de “¿Cómo
están ustedeeeeees?” y Félix Rodríguez de la Fuente colocaba en ‘prime time’
los documentales de naturaleza. Además, la ficción inundaba la pantalla con
dramáticos como ‘La cabina’ y series como ‘Kojak’ y ‘Kung Fu’. La tele era
un enorme abanico donde cabía de todo. O casi.
LOS LIBRES Y ORIGINALES 80
“La democracia trajo aires de libertad a TVE, que se tradujeron en programas
novedosos, originales, esperpénticos”, explica el libro. Tanto aperturismo
fue el caldo de cultivo para ‘la Movida’, que quedó reflejada, entre otros
programas, en ‘La edad de oro’. Su presentadora, Paloma Chamorro, cuenta en
una entrevista cómo estuvo a punto de ir a la cárcel doce años por un delito
de blasfemias a causa de una ‘performance’ en la que algunos vieron una misa
negra y de la actuación de Psychic TV, que clamaba contra todas las
religiones.
El monopolio de cadena pública española terminó con la aparición de las
televisiones autonómicas”. ETB fue la primera; su canal en euskera llegó a
los hogares vascos el 31 de diciembre de 1982, aunque empezó a emitir
regularmente el 16 de febrero de 1986 (ETB2, en castellano, nació el 31 de
mayo de 1986). De aquel alumbramiento hablan Antxon Urrosolo y Mikel Lejarza.
“Eran años de entusiasmo, pues estábamos ayudando a crear el concepto de
sociedad, de país, de autonomía vasca”, dice este último. Más tarde
llegarían la televisión catalana (1984), la gallega (1985), la valenciana,
la andaluza y la madrileña (1989)... En los últimos coletazos de los 80
surgió la programación de la mañana, otro invento de Jesús Hermida.
LOS ‘INFIELES’ 90
El comienzo de la década coincidió con el desembarco de las privadas.
Telecinco, Antena 3 y Canal Plus llegaron dispuestas a hacer sombra a TVE,
que sufrió una desbandada de buena parte de sus profesionales, contratada
por la competencia. También del público, que pasó a regir con mano
implacable sobre el mando los destinos de los programas, sometidos ya a una
auténtica dictadura: la del ‘share’. El incremento de la oferta dio lugar a
nuevos géneros. Tras el precedente de ‘Bla, bla, bla’, Cristina García Ramos
sentó las bases de los programas ‘rosa’ con ‘Corazón, corazón’, al que
le sucedieron muchos que hoy dan pábulo a famosos de siempre y a otros que
“someten a los televidentes a una tomadura de pelo”, critica.
La programación se ensanchó. Las noches se convirtieron en territorio de
ficción española, que se apuntó buenos tantos con ‘Farmacia de guardia’ y
‘Médico de familia’. De la madrugada se adueñaron Pepe Navarro y
Xavier
Sardá y el ‘late night show’ se convirtió en un ‘pelotazo’ Como los ‘reality’,género
que crece al calor del éxito de ‘Gran Hermano’, que ha logrado reunir a más
de diez millones de espectadores, algo que hoy sólo consigue el fútbol. A
pesar de la feroz competencia, TVE y La 2 siguieron siendo en los 90 el
feudo del deporte, ámbito en el que se doctoraron con la cobertura de los JJ OO de Barcelona 92.
Matías Prats y José Ángel de la Casa recuerdan el
“salto tecnológico” que supuso esta competición y evocan en el libro cuando
“rodaban en cine los partidos de fútbol por toda España. Metíamos las cintas
en una avioneta que salía para Madrid y que las lanzaba en paracaídas en
Prado del Rey para emitirlas después”.
EL DESENCANTO DEL SIGLO XXI
Sábado. 28 de octubre de 2006. Dos canales públicos, cinco privados,
autonómicas, locales, de pago... Mucha oferta. ¿Demasiada? ¿Toda igual? ¿Telebasura?
El tono optimista de algunos –“Sabiendo escoger, podemos ver una tele libre,
rica y valiente”, comenta Mercedes Milá- contrasta con el discurso
apocalíptico de Antonio Gasset, que aventura que “la televisión actual va a
desaparecer”. En cualquier caso, coinciden los profesionales que charlan en
grupos en ‘Religión catódica’, el futuro pasa por la especialización y por captar a un espectador que cada vez tendrá más donde
elegir.
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